Juan Cervera Sanchís, hombre esencial, ha creado un cúmulo extraordinario de poesía. Su obra completa ha sido recopilada y publicada por la Asociación Cultural Bohodón en España. Sin embargo, esta magnífica y encomiable labor está inconclusa, ya que nuestro querido amigo produce de manera permanente y le bastan unos instantes, una pluma y cualquier pedazo de papel para plasmar en sus líneas mundos inimaginables, sensaciones que convierte en melodías, los temores interiores del hombre, lo mismo que sus eternas interrogantes.
Este poeta, andaluz de nacimiento y mexicano por añadidura –llegó a nuestro país en 1968–, observa y captura, abre la puerta de su sensibilidad, crea y recrea, inventa e imagina, profundiza y sintetiza, juega también con la palabra y nos la regresa convertida en tesoros.
Que se encuentre nuevamente el valor de la poesía, que se cante, que penetre otra vez nuestros sentidos, que se revalore la hermosura, y se conserve con orgullo. Que los trabajos invaluables de Juan Cervera Sanchís vayan de mano en mano y de boca en boca. A fin de cuentas todos podemos ser juglares y podemos divulgar su poesía.
Luz de la luz, mujer, tierraunniverso mía; yo soy el hombre tuyo; nuestro es el tiempo todo y la vida sin fin nos pertenece. Mujer, mujer, mujer. Sin fin, sin fin, sin fin. Vida de vida. ¡Vida! Mundo de mundos. ¡Mundo! Milagro de milagros que revive y revive segundo tras segundo y canta y canta en mundo y en míticas y efímeras eternidades canta, cuenta y sueña, nuestras vidas, la Vida que, en alegría, de semen y de barro, mujer, mujer, mujer, hallan la realidad taumatúrgica del tiempo y del espacio mientras que las visiones se congregan y todas las palabras enmudecen para decirse en luz de luz y mujertierra.
¡Oh sexo infín! Canario suave del mediodía. Pluma fina rozando las sienes del crepúsculo.
Mujer, mujer, mujer. Total, total belleza que, en la fragilidad aérea de tu pelo, congregas mi pasado y mi presente con tu sumo y hermoso porvenir.
Vida que en río de vida se entrega al vivo mar de la vida. Mujer, mujer, dadora de vida y de poesía, mujer de tierra y vida, mujer de vida y tierra y agua y sol. ¡Mujer! ¡Oh sexo infín!
Gemelos universos son tus muslos, mujer, mujer, mujer, en donde los planetas y los soles de mis deselos edifican fantásticos y belloarios carmesíes con altas torres albas y campanas de oro.
Gemelos universos son tus muslos en donde los astrónomos de mi imaginación se apasionan y pierden su seguro equilibrio aritmético y dos más dos de pronto resultan 30 mil millardos de cometas, mujer, mujer, mujer, alrededor de un niño perdido en un espejo con la palabra madre mordiéndole la lengua.
Una paloma verde cruza mis blancos cielos. Ya muda y oxidada la hora del petróleo, tu corazón y el mío, todos los corazones, laten sincronizados con la raíz del agua.
Mujer, mujer, mujer, sol y belleza. El siglo XXII pronunciará tu nombre y llevará mi nombre, en su pico de rauda golondrina, a planetas distantes. Veré resucitar las palabras difuntas y otra vez heliotropo, madreselva y jazmín, entrarán en las cartas de amor y, rosa y beso, volverán de la escuela con los niños, jugando a pozos dulces, a húmedos brocales, a sombras de cometas y a aerolitos traviesos.
Mujer, mujer, mujer, mujer de vida y tierra y de agua y de aire.
Una paloma verde cruza mis blancos cielos y el azul es un sueño despeinado en tu linda cabeza de niña eternamente soñadora.
Una mujer y un hombre, ya lejos, ya muy lejos del cáncer y del sida, se desnudan de nuevo y se abrazan de dicha bajo el sol.
La sed es como un día de verano en tu vientre oliendo a nacimiento mujer, mujer, mujer.
Mi sed nace en tus aguas de túnicas dormidas y desnudados velos, y Dios es una hontana orillada de hormigas y tordos emigrantes.
Desde la sed, mis horas astronáuticas, descubren otros mundos y la muerte no existe y se derrumban mitos sin esqueletos, istmos, economías y mercados y, tu cuerpo y mi cuerpo, alcanzan a ser pluma sin memoria en la alegría magnánima del corazón del aire, mujer, mujer, mujer, mujer tierra de cielo.
Sueños como caballos. Fauna de la alegría, ¡alegría! Bajo la lluvia lenta de abril un sol desnudo; una desnuda luna bajo la lluvia lenta de abril.
Mujer, mujer, mujer, mayo verde en tu pelo. Junio rubio avivando tu mirada de fuego. El Universo, ¡ay!, era un inabarcable verano entre tus ingles.
Una yegua de asombros paría blancas montañas.
La poesía se alzaba por tus pechos, mujer, mujer, mujer, y daba de beber a los jóvenes locos del viejo manicomio, donde yo era el loco mayor... ¡y el más sediento!
Tú crees y yo creo. Mujer, mujer, mujer. Creo en los ríos y en ntes. Creo en el sol y en el aire. Creo en ti, creo en nosotros y creo en cada niño y en cada beso creo, mujer, mujer, mujer, con pasión de futuro.
"La luna es como un árbol que olvidó sus raíces", me dijiste una noche en que tú y yo mirábamos la Luna desnudos como dioses olvidados sobre la yerba niña del planeta.
Lloramos, ¿lo recuerdas? Lloramos de alegría y amamos, mujer, mujer, mujer, salvajemente al mundo.
Mujer tierra mujer, te persigo desnudo por la noche más alta, por la más honda noche, con ansiedad de carne amaneciente y toco, sensual, la frontera arcangélica en donde tu mirada oficiante y absorta me regala el misterio mudo de tus pudores.
Mujer, mujer, mujer. Mujer tierra mujer, tan cielo de mis ojos, por ti preciosamente iluminados.
Un animal salvaje. Un ángel indomable. Mujer, mujer, mujer. Un planeta distante y tu proximidad de leche y miel, de aceite y menta.
La alegría de la lluvia golpeando, cantando, enamorando el tejado, la fe de nuestra casa; la rosa del jardín, los balcones abiertos al deseo.
La vida toda, sí, toda esta vida mía, elevándose a dúo con tu vida, mujer, mujer, mujer, por sobre el corazón rojo del mundo y volviendo a inventar el trigo candeal, la sal, la harina, el vino, el pan, la sed y el hambre.
El sexo de la luz se me devela, mundo maravilloso. Un pájaro suspenso en los ojos del aire me adentra en la raíz de la rosa invisible.
Mujer, mujer, mujer, mujer, yo soy el hombre y entre tus piernas dulces como la yerba húmeda los días de mi vida se conjuran y la alegría amanece con sus nubes preñadas de agua virgen. En la nutricia leche de tus pechos la flor del Universo renueva estremecida sus perfumes. Nuestras carnes atadas, mujer, mujer, mujer, por mil fuerzas secretas, exaltan la memoria de la noche y vencen al olvido. La pasión del relámpago se multiplica en verdes incendiarios por la muda ilusión de los espejos y todo tiene nombre en la hora integral de la esperanza.
El futuro es un vaso lleno de transparencias. El futuro recorre tu cintura. Hipnotiza el futuro mi canción y en el año 3000 de una sonrisa nuestras sangres verán, confabuladas, planetas como niños. El futuro es tu cuerpo desnudo frente al mar. El futuro es mi cuerpo desnudo ante tu cuerpo. En el tiempo futuro del futuro, ya ultratiempo sin tiempo ni futuro, la belleza dará estatura a tus sueños y mis sueños, unidos a tus sueños revivirán la aurora de tu perdida Atlántida y el éxtasis edénico de aquel nuestro primero e irrepetible encuentro. Los milagros existen, cree conmigo en ellos. Nada será posible en el futuro si no es alimentado día con día por la luz del amor y el sentimiento infín de la poesía. Mujer, mujer, mujer, por la que canto y sueño, por la que amo y crezco a toda vida.
Mujer tierra mujer. Mujer de aceite y pan, de desvelos y orgasmos. Calostro azul de sol. Mujer tierra de vida. Mujer madre y amiga. Mujer dueña y señora de la voz del futuro. Mujer sangre de luz. Sexo de niña luna. Abrazado a tu cuerpo y a tu alma, mujer, mujer, mujer, el éxtasis me envuelve de alegrías sin freno. Déjame que te cante, déjame que te diga que sin ti, nuestro mundo se quedaría sin alas. Mujer tierra mujer donde se nutren todas las semillas y el tiempo vence al tiempo y la muerte no existe. Déjame, oh, sí, volar por tus celestes cielos.