ENCERRADA EN SÍ MISMA vive y canta la piedra, descifra el movimiento del sol y tiene los secretos del aire sin que el aire lo intuya. La piedra es en sí misma culmen de perfecciones. Maestra del silencio consigue hablar la lengua de los dioses y las almas dormidas, solamente dormidas, y en raras ocasiones, como en temblor de vísperas, alcanzan a escucharla.
NADA COMO LA PIEDRA para saber y ser y ahondar en el misterio. Aquellos que no han visto ni han oído pasan sobre la piedra, la desdeñan, y se mueren mil veces sin vestirse de amor con su perfume. La piedra emana aroma de raíz de universo y vestida de hojas, amarilla de octubre, se instala en la nostalgia del ruiseñor herido y se traduce en cánticos de abril muertos de luna.
PORQUE LA PIEDRA ES DAMA de antiguas brujerías muerde a veces los labios del camino, cae en el ojo del pozo o, simplemente, vuela por sobre verde húmedo del campo cuando el niño pastor la elige de improviso y le da autoridad, ¡autoridad!, frente al rebaño inquieto.
LA PIEDRA ES RECEPTÁCULO de todos los castigos sin irradiar el hilo de una queja. Ella está por encima de la oscura pezuña, de la cafre tachuela, de la instintiva mano; de la boca que escupe sus callados contornos.
RÍE HACIA DENTRO LA PIEDRA como los niños muertos y, esqueleto de águila real, domina el horizonte de todos los olvidos para ser biblioteca y serena memoria de invisibles arcángeles.
LA PIEDRA ES LA EMOCIÓN DEL TABERNÁCULO, es dulce transmisora de oraciones y azúcares. La piedra del jardín sabe más de las rosas que las rosas.
YO QUISIERA SER PIEDRA. Su lección fascinante ya transformó mi infancia y ahora que soy viejo como el rumor del mar la piedra me enamora con amor primerizo de muchacha aldeana.
UN FERVOR RELIGIOSO ME APROXIMA A LA PIEDRA y la beso y la digo mis palabras más mías. Su indiferencia mágica y salvaje enloquece mis torres y hace girar nerviosas mis veletas. Adivino la puerta de su palabra abierta a mis deseos y sé que su alta música continúa resistiéndose al ascua de mis píricos cortejos. Pero yo insisto, ¡insisto!, y trabajo en el tigre cantor de mis unciones.
LA PIEDRA HABLA DE TI Y DE MÍ. Nolo dudes. Yo vengo de la piedra y hacia la piedra voy. Tú eres la piedra misma, preciosa piedra a veces y, otras veces, guijarro de las áridas barrancas.
LA PIEDRA ES COMO EL ROSTRO OCULTO DEL SONIDO. El loco de mis sueños –barba verde, ojos hondos- iba con una piedra entre las manos inventando septiembres de bélicas auroras; llevándose la piedra al oído, afirmando que la piedra le hablaba, narrándome después historias como noches de tormenta y acariciando un álgebra de estrellas desvividas.
POR LA ALUCINACIÓN DE LA PIEDRA HE VIAJADO. Yo sé que hay una llave para entrar en su reino. En las cerrajerías del espacio inexhausto mis horas peregrinas persiguen claves piedras. Donde los nombres mueren y los seres de súbito se aproximan al ser, mi corazón de lluvia dialoga con los átomos de la uva solar que, en la vieja taberna de los sueños, da sus vinos azules a la piedra.
RECUERDO EL DOBLE DE LA PIEDRA, la larga y doble noche de la piedra. ¿Soy yo la piedra o eres acaso tú la piedra? Sospecho, sí, sospecho que nada hay más allá de la hiperlucidez que emana de la piedra y que esa carne tuya fragante como el alba y esta sed de mi piel, rayo de mediodía, únicamente podrán ser quienes son cuando por fin comulguen con la piedra y se encierren en ella en la fiel perfección del silencio sin tiempo donde todo es posible ya por siempre jamás.
LA PASIÓN DE LA PIEDRA EDICIONES "LA HEBRA DE ORO", MÉXICO D. F., 1983
Se termina mi tiempo, para mí ya no hay tiempo, estoy al fin del tiempo, de mi tiempo, que no tengo otro tiempo que mi tiempo. Sí, sólo tengo ese tiempo y, ese tiempo, agoniza, se me muere de prisa, se suicida a diario entre mis manos. Es inútil tejer planes para el futuro, yo no tengo futuro, yo tengo, si es que tengo, tan solo este presente amargo y desolado. Se termina mi tiempo, se termina, y mis ojos, vencidos, lloran y lloran; lloran lágrimas invisibles sin sombra de consuelo. Mi tiempo se termina y es hora de decir adiós y echar la llave a la que fuera un día puerta de la esperanza. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. ¡Adiós! Mi tiempo de termina y, con mi tiempo, el canto. Se hará al fin el silencio y, poco a poco, el polvo del olvido borrará para siempre mi memoria del libro de la vida, donde quise escribir un sentido poema con tu nombre y el mío, amada mía, fundidos en un beso, para ser recordados por cuantos rinden culto a la flor del amor, que aroma y enaltece nuestras vidas, contra el paso del tiempo que todo lo aniquila, ajeno por completo a la misericordia que nos acerca al sueño de la luz salvadora y al aliento sagrado de la Madre Poesía.
ENCERRADA EN SÍ MISMA vive y canta la piedra, descifra el movimiento del sol y tiene los secretos del aire sin que el aire lo intuya. La piedra es en sí misma culmen de perfecciones. Maestra del silencio consigue hablar la lengua de los dioses y las almas dormidas, solamente dormidas, y en raras ocasiones, como en temblor de vísperas, alcanzan a escucharla.
NADA COMO LA PIEDRA para saber y ser y ahondar en el misterio. Aquellos que no han visto ni han oído pasan sobre la piedra, la desdeñan, y se mueren mil veces sin vestirse de amor con su perfume. La piedra emana aroma de raíz de universo y vestida de hojas, amarilla de octubre, se instala en la nostalgia del ruiseñor herido y se traduce en cánticos de abril muertos de luna.
PORQUE LA PIEDRA ES DAMA de antiguas brujerías muerde a veces los labios del camino, cae en el ojo del pozo o, simplemente, vuela por sobre verde húmedo del campo cuando el niño pastor la elige de improviso y le da autoridad, ¡autoridad!, frente al rebaño inquieto.
LA PIEDRA ES RECEPTÁCULO de todos los castigos sin irradiar el hilo de una queja. Ella está por encima de la oscura pezuña, de la cafre tachuela, de la instintiva mano; de la boca que escupe sus callados contornos.
RÍE HACIA DENTRO LA PIEDRA como los niños muertos y, esqueleto de águila real, domina el horizonte de todos los olvidos para ser biblioteca y serena memoria de invisibles arcángeles.
LA PIEDRA ES LA EMOCIÓN DEL TABERNÁCULO, es dulce transmisora de oraciones y azúcares. La piedra del jardín sabe más de las rosas que las rosas.
YO QUISIERA SER PIEDRA. Su lección fascinante ya transformó mi infancia y ahora que soy viejo como el rumor del mar la piedra me enamora con amor primerizo de muchacha aldeana.
UN FERVOR RELIGIOSO ME APROXIMA A LA PIEDRA y la beso y la digo mis palabras más mías. Su indiferencia mágica y salvaje enloquece mis torres y hace girar nerviosas mis veletas. Adivino la puerta de su palabra abierta a mis deseos y sé que su alta música continúa resistiéndose al ascua de mis píricos cortejos. Pero yo insisto, ¡insisto!, y trabajo en el tigre cantor de mis unciones.
LA PIEDRA HABLA DE TI Y DE MÍ. Nolo dudes. Yo vengo de la piedra y hacia la piedra voy. Tú eres la piedra misma, preciosa piedra a veces y, otras veces, guijarro de las áridas barrancas.
LA PIEDRA ES COMO EL ROSTRO OCULTO DEL SONIDO. El loco de mis sueños –barba verde, ojos hondos- iba con una piedra entre las manos inventando septiembres de bélicas auroras; llevándose la piedra al oído, afirmando que la piedra le hablaba, narrándome después historias como noches de tormenta y acariciando un álgebra de estrellas desvividas.
POR LA ALUCINACIÓN DE LA PIEDRA HE VIAJADO. Yo sé que hay una llave para entrar en su reino. En las cerrajerías del espacio inexhausto mis horas peregrinas persiguen claves piedras. Donde los nombres mueren y los seres de súbito se aproximan al ser, mi corazón de lluvia dialoga con los átomos de la uva solar que, en la vieja taberna de los sueños, da sus vinos azules a la piedra.
RECUERDO EL DOBLE DE LA PIEDRA, la larga y doble noche de la piedra. ¿Soy yo la piedra o eres acaso tú la piedra? Sospecho, sí, sospecho que nada hay más allá de la hiperlucidez que emana de la piedra y que esa carne tuya fragante como el alba y esta sed de mi piel, rayo de mediodía, únicamente podrán ser quienes son cuando por fin comulguen con la piedra y se encierren en ella en la fiel perfección del silencio sin tiempo donde todo es posible ya por siempre jamás.
Juan Cervera Sanchís LA PASIÓN DE LA PIEDRA EDICIONES "LA HEBRA DE ORO", MÉXICO D. F., 1983
Me cansé de estar loco.Me cansé de
estar cuerdo.
Me cansé de ser malo. Me cansé de ser bueno.
Me cansé de ser niño. Me cansé de ser viejo.
Me cansé de ser duro. Me cansé de ser tierno.
Me cansé de ser blanco. Me cansé de ser negro.
Me cansé del ruido. Me cansé del silencio.
Me cansé delolvido. Me cansé del
recuerdo.
Me cansé de mi prosa. Me cansé de mi verso.
Me cansé del discípulo. Me cansé delmaestro.
Me cansé de la clase. Mecansé del
recreo.
Me cansé de mi gato. Me cansé de mi perro.
Me cansé de mi espacio. Me cansé de mi tiempo.
Me cansé de ser lluvia. Me cansé de serviento.
Me cansé de ser tierra. Me cansé de ser cielo.
Me cansé de no ver. Me cansé de estar viendo.
Me cansé del escándalo. Me cansé del secreto.
Me cansé de mis manos. Me cansé de mis dedos.
Me cansé de mi carne. Mecansé de
mishuesos.
Me cansé de mi sombra.Mecansé demi cuerpo.
Me cansé de estarvivo. Me cansé de
estar muerto.
Me cansé del cansancio, del descanso y del sueño.
Me cansé, me cansé de mi voz y mi aliento.
Pero nuncamecanso, viejo amor, de tus besos,
porque en ti, cada instante, como en Dios, todo es nuevo.
Aún no cerraba su herida y lo volvieron a herir. Y lo volvieron a herir y lo volvieron a herir y aún no cerraba su herida. Llegar y, al llegar, partir. Tener una sola vida y vivirla sin vivir. Huir, perderse en la huída, y, en la huída, descubrir que no hay manera de huir de la muerte ni la vida. Que lo volvieron a herir y aún no cerraba su herida. Que lo volvieron herir, que lo volvieron a herir, ¡y aún no cerraba su herida!
Jueves 20 de Marzo 2008 Plaza de la Santa Veracruz, Ciudad de México.
Que no son mudas las flores
como cree el ruiseñor,
que las flores no son mudas,
que no son mudas que no;
que no son mudas las flores,
que las flores tienen voz;
que hablan y cantan las flores,
que cantan y hablan de amor.
Las flores, ¡ay!, las flores
y sobre todo, la flor
de las flores, vida mía,
que es tu rojo corazón.
Mi vida la he vivido, y la sigo viviendo, con el alma en un hilo, como dicen.
A solas, junto a ti, mi vida, nuestras vidas, oh amada siempre amada, han estado y están bajo la amenazante espada de Damocles.
El temor a perderte siempre me ha acompañado a tu vera y, ese temor callado, invisible diría, me ha llenado de amor hasta los colmos, al igual que esa última gota que, una vez y otra vez, derrama el vaso.
Sí, así ha sido mi vida, esta vida que te ama hasta el punto de incendiarse por dentro del misterio infinito, de jóvenes galaxias y de soles viejísimos y sabios como los sentimientos que me habitan.
En un hilo, te juro, y tú corazón mío lo sabes, sí, de sobra, he vivido mi vida, vivo mi vida, ¡vivo!, y me sigo viviendo y desviviendo por tu vida y el dolor que me duele, y que me duele, por no poder, como en verdad querría, por tu causa y mi causa, hacer milagros, aunque en el fondo de la vida misma tu y yo, ¡ay, vida mía!, somos un milagro, un milagro que sólo advertimos tú y yo, es decir, vida mía, vivimos día con día, y noche a noche, por la gracia del sol, del aire, de la lluvia y el hilo que sostiene la luz que hace posible la olorosa y fragante poesía de nuestros besos.