Septiembre del 2010

Andalucia

Por Juan Cervera Sanchís - 30 de Septiembre, 2010, 7:56, Categoría: Todo es poesía

Para Axaí


OH  ANDALUCÍA, tierra donde mis muertos reverdecen
y los ríos de mi sangre siguen corriendo -niños-
hacia el mar del futuro, hermosamente.

OH  ANDALUCÍA, cobalto electrizante
donde el viento de las doce muestra su barba de oro
y un vilano con alma de canela
contrasta con la pupila añil del mediodía
en tanto que un hombre milenario, con su navaja nueva,
se entrega al ritual de pelar la oración de una naranja
y luego muerde, con lentitud golosa,
jugosos gajos en donde amarillean mil respuestas.

OH  ANDALUCÍA, sueño de un sueño apenas develado
con la niñez al fondo entre campos de trigos y amapolas.
Digo tu nombre, tus nueve letras, tus cinco sílabas de vino
y me pierdo en la torre de tu acento
y un vuelo de campanas acaricia mi espíritu
                                                     de ustorio sorprendido.

OH  ANDALUCÍA, misteriosa y honda,
alma azul de torcaz
y verde espina de zarza humedecida
por el secreto llanto del planeta;
devocional, vital, real, irreal
y desbordadamente generosa
como los musicales aguanieves de enero
con mirada lustral de golondrina.

OH ANDALUCÍA del cerezal en ascuas,
del sauz y del brezo, del acebuche y del espliego,
del castañar henchido de apetitosa pulpa,
del ciprés alargando su sombra en sed de enigmas,
de la yedra trepando por las tapias del sueño,
del laurel reflejándose en el agua callada del estanque
como un temblor de dichas pasadas
que de pronto asaltaran la memoria del aire.

OH  ANDALUCÍA de la albahaca y la biznaga,
de orozuz y del palmiche,
enjoyada de aromas,
coronada de juncias y azahares,
sobrecogida de penumbras
allá donde el helecho y la aspidistra
dan la espalda, las raíces, las hojas,
al rubí del verano
tras un temblor recóndito de inefables persianas.

OH  ANDALUCÍA del garbanzal en flor,
del maizal rubicundo de mazorcas,
del trigal doblándose de tróficas espigas,
del verde tomatal encendido de frutos,
del pimental en vilo de enérgicos olores,
del papal revolado por un zumbito ático de abejas,
del alfalfar mirándose en los negros
e inocentes ojos de las cósmicas vacas.

OH  ANDALUCÍA del espárrago,
de la escarola y la espinaca,
del alcaucil y el rábano,
del apio y del pepino, de la acelga,
de la lechuga, el ajo y la cebolla,
de la sal, del aceite y del vinagre
que en la fuente, señora de la mesa,
y en mitad de un hipnótico tintineo
de cuchillos, cucharas, tenedores,
el reino vegetal canta y deifica.

OH  ANDALUCÍA del nardo y de los jazmineros,
del clavel, del geranio y los pitiminíes,
del heliotropo y de la madreselva,
de la violeta, de la marimoña, de la malvaloca
                                             y de la flamenquilla;
de la begonia de la anémona y del trébol,
del tulipán, del acanto y de los arrayanes;
de las nacaradas noches, con Luna llena en Capricornio,
y envuelta en un temblor de canciones de rueda
bajo los irisantes y apresurados aerolitos.

OH  ANDALUCÍA del pérsico y la níspola,
del corcho, de la caña y de los tarayales
en donde el caracol saca los cuernos
y el croar de las ranas nos platica
de las ninfas ocultas en el río
y el ruiseñor en celo se balancea y gorjea
en la más alta rama del mirtáceo dormido
y entre claros de luna y céfiros de marzo
imagina que muere
-¡hay tantas bellas formas de nacer!-
con afanes de abril en el pico entreabierto.

OH ANDALUCÍA de las camelias,
de la flor del almendro y la glicina,
del algarrobo y del sicómoro,
del eucalipto y de la acacia,
del álamo, del tilo y la palmera,
aunque mis ojos no retornen
a mirarse en la sed de tus magnolias
con ellos morirás para vivir por siempre.

OH  ANDALUCÍA de los viñedos y las botas madres,
dispuesta a la ebriedad mística cada instante,
visionaria y gimiente, cual cirros de deseos,
y galopando en caballos oníricos
por mares y por cielos de espejados asombros,
paradisíaca y trágica como la vida misma
y compartiendo en la taberna del Sol o de la Luna
el vino y el cristal de los vislumbres
y las insinuaciones impalpables, pero siempre presentes,
de los equidistantes universos
y el ajedrez de todas las jugadas posibles e imposibles
el simple dominó de un cierre a blancas
entre jocosas risas y sabrosos desquites.

OH  ANDALUCÍA del diminuto nomeolvides,
del crisantemo y de la rosa,
de las desamparadas margaritas,
del ababol capaz de fatales y oscuros embelesos,
de la fiel manzanilla, tan noble y generosa,
del delicado lirio que alfombra la ladera
y la áspera ortiga que invade los corrales
de las casas nostálgicas
de aquellos que emigraron para siempre.

OH  ANDALUCÍA, nutricia y milenaria,
madre y señora del olivo,
del limonero y del naranjo;
mi corazón de rojos laberintos
penetra en tus secretos
y desnuda la fe de tus inviernos,
cántico de almazaras,
y entra al pan y a la sal de la vida contigo,
flor de glaucos aceites,
y reanuda largas conversaciones,
bajo el aire azul del mediodía,
con los viejos amigos,
mientras que el tiempo se detiene en un cardo morado
con nerviosa figura de jilguero.

OH  ANDALUCÍA, vocación edénica,
donde la voz del Sol
continuamente se transforma en salmodia frutal.
Viva mi corazón, viva por siempre
en tus alberchigueros y azufaifos.
Viva, oh sí, en tus encinas mi esperanza.
Dios me salve contigo
de los infiernos múltiples del mundo.

OH  ANDALUCÍA de los verdes ríos y los albos pueblos.
Marinera y serrana. Extrema en el sentir.
Tan tierna y brava como la mora y la bellota.
Tierra donde quisiera dispersar mis cenizas
y jugar a la luz, a las nubes y al aire,
no sin antes darle una tregua a mi vejez
ante el balcón abierto del verano
y el campo aurífero de dádivas.

OH  ANDALUCÍA de la granada,
del membrillo, el damasco y la ciruela,
de la parra preñada de báquicos racimos,
de la hermosa sandía partida en dos de súbito
y seduciendo con su fresca rojez nuestra mirada;
de las guindas guardadas
en la diafanidad de las tradicionales licoreras;
del melón y la breva,
de la silvestre mora y del madroño,
del azafate rebosante
de brillantes y jugosas grosellas;
del verde chumbo recién subido del recatado pozo
e impregnando del zumo del milagro el paladar del pobre.
Y aquí recuerdo los gustos tan sencillos de mi madre.

OH  ANDALUCÍA de las cancelas y de los maceteros,
de las veletas y los campanarios
con nidos de cigüeñas;
del herrerillo, del pinzón y del tordo,
del petirrojo que despide la tarde trinando sobre el hinco,
de la oropéndola, del chamariz y del lugano;
del pichirichi y de la tórtola,
del mirlo, del vencejo y la terrera
que sobrevuela con lentitud sagrada los sembrados;
de todo cuanto quise y cuanto quiero;
del niño aquel que fui, de mi madre y mi hermana;
de mis tías, de mis tíos, de mis primos,
de mis sobrinos, de los viejos amigos
y de mi padre, ay de mi padre,
acribillado y dispersado para siempre,
como un clamor anónimo,
en tus tartésicas entrañas.


OH  ANDALUCÍA donde el algodonal
blanquea los campos
y los remolachares edulcoran
los sueños del planeta.
Tierra mía, de mis calcios más profundos;
donde quise vivir y el destino no quiso que viviera.

OH  ANDALUCÍA del melocotonero y la morera,
del peral, de la higuera, del albaricoquero y del manzano;
del verde y odorífero pinar tapizado de grama,
de las suaves campiñas y las agrestes sierras,
del verderol, del águila, de los pavos reales,
de la azada, del remo, del surco y de la ola;
del granizo, del trueno, de los alucinantes arco iris,
de la óptica fruición de los abejarucos,
de las sacerdotales abubillas;
país indescifrable, posiblemente invento
de mis febricitante y exaltados sentidos.

OH  ANDALUCÍA de las mansas acequias
y de los revoltosos y afiligranados surtidores,
la voz de tus aljibes arome de humedades
la sequía de mis labios y el barro que dio hechura
a tus bermejos cántaros, dialogue con mi sed
y la sosiegue y en mi memoria giren
tus azudas y espejeen tus albercas
cruzadas por rebaños de nublos y arreboles.
Todo puede transformarse de súbito
cuando yo te recuerdo,
por más que tú me olvides,
en traslúcido póculo
-¡ay la lágrima de mi imaginación!-
y yo por fin ser tú y tú sin más ser yo:
común agua corriente rumbo al mar, OH  ANDALUCÍA.

Juan  Cervera  Sanchís

Permalink ~ Comentar | Referencias (0)
Etiquetas:

El canto

Por Juan Cervera Sanchís - 27 de Septiembre, 2010, 22:26, Categoría: Todo es poesía

Tengo alma y corazón de ruiseñor,
si intuyo que me escuchan
mi garganta enmudece
y dejo de cantar.
No persigo el aplauso ni el elogio.
Canto sencillamente
por el sencillo gusto de cantar
y compartir mi canto
con Dios, debo estar loco,
en quien creo por encima
de ateos y creyentes.
Dios se siente, es presencia,
y es todo, todo, todo.
No es cuestión de eruditos y teólogos.
No es cuestión de científicos ni sabios.
Dios, Dios, lo que se dice Dios,
en realidad es algo tan sencillo
como un niño y no hay más qué explicar.
Dios es viva presencia. Dios es presencia viva.
Y ya está. Así ni más ni menos.
Yo lo siento, yo siento a Dios,
y basta, en todo cuanto vive y cuanto muere,
pues cuanto muere y vive
es presencia y acción de Dios,
y así en el canto, que no es cuento o discurso,
sermón o cantinela.
En el canto, en el canto está Dios.
Que está Dios en el canto.
Por favor, adivina de qué estamos hablando.
Adivina, adivina y goza y canta
y calla y calla y ama, cantando y sin cantar
como el ruiseñor canta y canta
cuando nadie lo escucha,
cuando lo escucha Dios y con Él canta a dúo,
que el canto verdadero,
que el verdadero canto, no es cuestión
de comercio, de pitos y de flautas,
de ego y vanagloria
y mucho y mucho menos de dinero.

Juan Cervera Sanchís
México D. F., 27 Septiembre 2010

 

Permalink ~ Comentar | Referencias (0)
Etiquetas:

Jazmines

Por Juan Cervera Sanchís - 26 de Septiembre, 2010, 11:00, Categoría: Todo es poesía


No sé por qué ni cómo,
pero súbitamente siento y pienso,  
veo y huelo los jazmines aquellos
que aromaron mi vida en otro tiempo.
Los jazmines aquellos que en los patios
de las casas más pobres de mi pueblo
le quitaban lo umbroso a la pobreza
con su blanca blancura,
esa blancura blanca que ramita a ramita
blanqueaba de albas ilusiones
las cabezas soñantes de las lindas muchachas.
No sé por qué ni cómo
reviven delirantes este día  
en mi imaginación los jazmines aquellos
que allá en mi blanco pueblo me alegraban la vida.
Pueblo mío, mi pueblo,
en donde la palabra jazmín
ejercía un poder irresistible
sobre mi, y lo sigue ejerciendo
a pesar de los años, la distancia
y el siempre amenazante y ciego olvido;
ese olvido que jamás ha podido  
apagar, ni podrá, la fieles cornucopias
de mis vivos recuerdos,
de mis recuerdos vivos,
que yo asocio a los pozos y a los patios
y asocio a las macetas y a los tiestos,
al agua y a la sensualidad
desatándose en gozo en el jazmín en flor.
El jazmín, los jazmines,
las cabezas de las bellas muchachas
con ramos de jazmines en el pelo
y oliendo a vida, a noche de verano
incendiada de hondos y vibrantes deseos.


Juan Cervera Sanchís
México D. F., 25 Septiembre 2010

 

Permalink ~ Comentar | Referencias (0)
Etiquetas:

El Blog

Calendario

<<   Septiembre 2010  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30    
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chobojos
 
 Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin
 
Proyecto Cultura Chobojos – Fotografía 366
 
Proyecto Cultura Chobojos – El círculo azul
 
Proyecto Cultura Chobojos – La Jauría
 
Proyecto Cultura Chobojos – Toma Todo
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chistes x Kilos
 
 

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog