Por Juan Cervera Sanchís
Un hombre al borde
de la nada
en vano espera comprensión
de los hombres.
¿Soy ese hombre yo?
¿Eres tú ese hombre?
Nosotros somos, sí,
¡oh, amiga mía!
Mi sombra y yo, vagando
a la deriva.
La irremediable voz
de la verdad
me agobia.
El vacío del dólar,
la irrealidad del euro.
Un hombre al borde
de la nada,
¡yo!,
aún cree en la poesía
y en el amor.
Dios mío, ¿cómo es posible?
¿Cómo es posible, sí,
cuando tú ya
no crees en ti mismo,
y aún menos en el hombre,
tu gran obra fallida?
Son posibles de súbito
todos los imposibles
si el canto nos asiste,
y a mí me asiste el canto
por más que viva y muera
al borde de la nada,
esperando, esperando
en vano que los hombres
me comprendan y compartan conmigo
la luz de la poesía
y el salvador amor que todo lo enaltece
y es la razón real de nuestras vidas.
México D. F., Primavera 2009