5 de Julio, 2008
Paladeando
Para Axaí, inmarcesible rosa azul de mi alma Paladeando las palabras, mojando las palabras con mi lengua, mordiendo las palabras con mis dientes, dejándolas caer golosamente por mis labios hasta hallar la musical alondra de tu sombra para darle cobijo en el vocablo alcoba, entre telas esdrújulas y suavidad de rosas azules, acariciantes pétalos, y blandos y celosos edredones.
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Sed de sol
Para Axaí, inmarcesible rosa azul de mi alma Alta vuela la noche. ¡Oh, sed de sol! Dicen que estamos vivos. ¿Será cierto? Un niño cuenta aves invisibles. Me detengo en las tumbas. Pregunto por mi vida. Mi muerte, sigilosamente, aroma, con su flor de ceniza, la sombra de mi sueño y surge rosa azul, preciosamente viva, del calcio estremecido de mis huesos. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú que a tales distancias me acaricias? Una lágrima basta. El Universo, ¿no tiene corazón? ¿Es sólo corazón el Universo? Vinos viejos rodando por tu lengua. Cántico del azúcar. ¿Y esta gota de hiel inesperada? ¿Y esta palabra, ¡ay!, esta palabra que trato de inventar, que nunca invento? Alta vuela la noche. ¡Oh, sed de sol!
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Presente
Para Axaí, inmarcesible rosa azul de mi alma La vida alrededor de tu cintura. Mi vida. El tiempo detenido en tu mirada. Mi tiempo. Y mi espacio y tu espacio, entrelazados, conformando la existencia del aire y dando testimonio de la canción diáfana del agua y de la rosa azul de tu alma en vuelo. La vida dentro de ti y conmigo y emergiendo, aurora de la sangre enamorada, rosiazul, sin miedo de futuro, en plenitud gozosa de presente.
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Desnudas
Para Axaí, inmarcesible rosa azul de mi alma Desnudas la palabra fuego y llegas al corazón crujiente de la leña. Escribes la palabra árbol y te pueblas de ramas y de nidos. Te pierdes como un río en el alma del mar y, ola y rosa azul, revives, jardinero de peces y de aves en islas no nacidas.
Emerges cielo y nube. Lames el sol en forma de espuma enamorada. Y cantas la canción de la arena. Un muchacho desnudo ignora el tiempo corriendo sin memoria por la playa. A lo lejos se pierde el fantasma de un barco. Un pastor de crepúsculos se viste de horizontes. Un viejo vagabundo busca y busca el ojo azul de un puente para encender el trueno de una hoguera. Tú, ¡oh, tú!, sin saber el por qué y el para qué, desnudas la palabra fuego y llegas al corazón crujiente de la leña.
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Destinados
Para Axaí, inmarcesible rosa azul de mi alma Porque están destinados al olvido tus ojos y mis manos, tu cintura y mis brazos, la ciudad y esta noche en la que imaginamos que el amor es eterno -en mitad de esta fiesta de los cuerpos-, me resulta imposible evitar estas lágrimas, mujer, ¡oh, mujer mía!, y a la vez nunca mía, de niña rosa azul inmarcesible. Mujer, mujer, mujer. Mujer en la que abrazo la misteriosa flor del Universo ebrio de su perfume excitante y hermoso.
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Dueño
Para Axaí, inmarcesible rosa azul de mi alma Quedarse quieto, como la montaña, alfombrada de árboles y vestida de pájaros y surcada de ríos y arroyuelos.
Quedarse quieto y contemplar. Hablar con Dios por un instante, respirar el aroma de las rosas azules y ser por fin dueño del tiempo, de todo el tiempo y del espacio todo.
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