Para Axaí,
inmarcesible rosa azul de mi alma
En la
alta noche, los relojes,
platican entre sí tiempos idos
y de rosas azules suspirantes.
Yo los escucho desde la orilla
edénica del sueño
y retorno a los días
de mis padres novios.
Por el balcón abierto entra la luna
vestida de muchacha provinciana
y con rosas azules en el pelo.
Las ánimas de mis abuelos ríen
con un sabor frutal en mi memoria.
Súbitamente digo nombres
de pueblos entrañables.
Pueblos tal vez inexistentes.
Pueblos como susurros
que caen de mis labios
con un hondo temblor
de sílabas nostálgicas.
En la alta noche, ¡ay!, sueño y amo
sueños y amores soñados ya
cientos de
veces.
Una espiga dorada por la luz
del verano
se balancea olvidada de sí misma.
La muerte tiene nombre conocido
y las rosas azules del tiempo
imaginario
se imaginan
absortas
a sí mismas.
En la alta noche
-¡oh, madre, tú me entiendes!-
los relojes
conversan con la luz de las estrellas
y los segundos son años trillones.